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“Estimado Clever:

Sé que han pasado algunos días desde que naciste y que faltan muchísimos meses antes de que puedas leer esta carta, pero te la dejo aquí como una guía para el misterioso lugar en el que viniste a nacer.

Mantén esto en mente: no hay que entenderlo, hay que quererlo.

La espiritualidad es un tema muy importante por estos confines.Ya te habrás dado cuenta tu mismo  de aquello al ser recibido en el baño del hospital San José, la mejor adaptación  que pudimos improvisar  del nacimiento en una pesebrera. Si bien, nos tomamos la libertad de cambiar pastores, reyes magos y estrella por testigos, periodistas y celulares con cámara, hay que reconocer que esta vez sorprendimos.

En ocasiones somos incluso demasiado fervientes.

Este lugar también es una tierra donde las artes encuentran  abierta la puerta  para desarrollarse  a cabalidad incluso dentro del aparato estatal. Un ejemplo de ello son las artes escénicas que en el último tiempo han dado mucho de que hablar  tanto entre el común de la población como entre las autoridades. La creatividad de escenógrafos, la pasión de los directores y el compromiso de  los actores involucrados Pero tu ya aprenderás, después de hacer tus primeros dibujos, que la tarea del artista es así, por esencia polémica.

Esta es también una tierra de debate. Decimos una cosa y al tiempo, decimos otra, todo sea por  mantener el ejercicio de debatir.

Estás en una tierra  de gente creativa, emprendedora, algo distraída (bueno, bastante distraída), ganadora, no muy comprensible, pero en el fondo, querible.

Simplemente tómatelo con humor.

Saludos

S.”

Llámese el ingenio del chileno, la picardía criolla o culquiera de esos eufemismos. Aquí hay dos ejemplos de “pequeños grandes personajes pop” que han logrado hacerse de su fama y captar la atención de la opinión pública.

. La “burda” fanática del contraplacado y sus coqueteos con la fama.

. El can detrás de “Lleve el amarillo, lleve la moda”. (reseña histórica incluida aquí)

En algún tiempo, ser pingüino era lo más degradante de la escala social fraternal. Me explico. Ser colegial e ir en básica por ejemplo, equivalía a ser un paria frente a los hermanos mayores, generalmente secundarios.
Ellos, los onderos, iban a fiestas , conocían a Antúnez que iba en tal colegio, al Negro, al Chino, a la Cata Nosécuanto, a la Flaca y un millón de otros míticos personajes de los que se sabía toda la vida, pero eran intocables, míticos, lejanos. Los hermanos grandes se las sabían todas y por supuesto siempre estaban donde las papas quemaban.
Pasó el tiempo. Al llegar a primero medio el mundo parecía relajarse…Pero no. Todo el impetu quinceañero-adrenalínico era un dolor de cabeza constante para los hermanos que en el intertanto preparaban la Prueba y, con la seriedad de quien pasa su última noche en el corredor de la muerte, trataban de elegir qué estudiar en la universidad.
Siempre un paso atrás, cuando llegaábamos a ese momento, “los grandes” ya estaban en la universidad, que ahora se llamaba simplemente “U” y que daba la libertad suficiente para que el hermano de turno lanzarab a la hora del té sus eternas peroratas sobre la represión simbólica del uniforme y la corbata. Y la soga (esa de género y a líneas) apretaba más y más el cuello.
El hecho de usar ese simple trapo atado en la forma de un lazo, un moño, con piocha, sin piocha, flaco, gordo como empanada o amarrado de por vida alrededor de un elástico, implicaba que su portador era un ser en desgracia. Tal como a algunas etnias se les forzó a usar en tiempos de guerra un sombrero rojo, una estrella amarilla o una banda morada, el escolar hace evidente mediante este lazo, su condición. Esa misma que le hará soportar la espera eterna por un micrero de buen corazón, la mirada malagestada de la viejita en el metro, la venta de malagana de un cigarrillo, las suposiciones malintencionadas de los transeúntes un lunes a las 11 de la mañana…
Con los eventos de las últimas semanas, más allá del factor hormonal, me parece que algo hay distinto. La marcha de los pingüinos, más allá de captar adeptos o detractores a sus peticiones, refleja la revuelta de una generación cansada de estar siempre un paso atrás. En ese sentido, si bien los contenidos mínimos, los aguachentos libros de lectura obligatoria y la remolona jornada escolar completa no han logrado que el nivel de calidad de la enseñanza se haya superado, siquiera en lo que respecta a sentido social y construcción de la comunidad, los fracasos del sistema han tenido como resultado un gran éxito: un grupo de chilenos que movidos por un ideal, por sus hormonas o por el modelo neoliberal (convengamos en que las peticiones sólo apuntan al bolsillo), están dispuestos a peléarsela al sistema y a exigir lo que consideran justo como los ciudadanos (y consumidores) que son.
Como los pingüinos que se nos olvida fuimos también.

“Fotógrafo convierte en top models a peatones comunes y corrientes “. Ese fue el título del artículo de LasUltimas Noticias sobre el lanzamiento de “Chilean Beauty”, el libro de fotografías de Juan Diego Santa Cruz.

Más que un intento criollo de “Extreme makeover” o alguna otra empresa similar (como pudiera desprenderse del títular de LUN), este conjunto de imágenes es un testimonio que da cuenta de la variedad fisonómica de Chile, una diversidad quizás sólo comparable con la de nuestra ecléctica y “tuti-fruti” geografía.

Las 42 imágenes del libro, tomadas por Santa Cruz entre julio de 2004 y octubre del año pasado, fueron escogidas de entre un total cercano a las 250 que sacó el fotógrafo para su publicación en “The Clinic” (en la sección que llevaba el mismo nombre que el libro), las que fueron capturadas en diferentes lugares públicos de la capital, quitándole en rigor algo de veracidad al título (pero bueno, centralizar es lo más chileno que hay, así es que no hay para que ser tan inflexibles con el detalle).

Son fotografías reveladoras, honestas, cargadas de significado dentro de una aparente simpleza y pulcritud. Y son, también, muy pero muy parecidas a la serie “In the american west” del fallecido fotógrafo Richard Avedon.

Sus imágenes y las de Santa Cruz son, no sólo en su presentación, sino también en su proceso de gestación, gemelos prácticamente univitelinos, monocigóticos, o como dice el buen cliché “como dos gotitas de agua”.

Tal como si fuera la mejor teleserie venezolana, la obra gemela de la de Avedon sale a la luz 22 años después que su hermana pionera. ¿Vendrá a vengarla, a confundir su entorno, a quedarse con su gloria o a evitar su olvido? quien sabe, pero se viste igual, de lienzo albísimo y en contrastante blanco y negro. Dialoga con el lector de modo similar. Aunque su apariencia es ligeramente distinta, sus métodos son básicamente iguales. Su surgimiento, entre conversaciones e intentos de distención, es muy parecido y hasta las declaraciones de sus “padres”, chochos con su nuevo retoño, aunque con más de dos décadas y varios kilómetros de distancia entremedio parecen homófonas.

Venevisión pudo haberlo intentado muchas veces con Abigail, Rubí, Topacio y todas sus otras amnésicas heroínas con nombre de gema. Así y todo no ha llegado a gestar aún un culebrón tan misterioso e intrigante como el de estas novedosas fotografías que con un pie en la actualidad, revisitan una obra pasada.

Pese a su excelente factura, es este intento de gemelos separados al nacer, clonados, fotocopiados, criogenizados o lo que sea, el que, aunque resulta en un producto atractivo, le quita algo de mística al cuento. Y de beauty.

Pero también por otra parte, todo lo que es la “copia-homenaje”, le agrega requete harto de chilean.

Hace quince días aproximadamente, una nueva figura femenina irrumpió en las portadas de los matutinos nacionales con bombos y platillos. Sin mucho que hablar, pero con un cuerpo firme y “hecho a mano” Adele hizo su breve pero contundente entrada triunfal en los noticieros, programas radiales, diarios y cualquier conversación familiar de domingo tipo cuatro de la tarde.

¿Quién es esta recién llegada?. Adele (asi con la E bien pronunciada, como la “bautizó” en televisión un funcionario de investigaciones) que, como toda figura del jet set nacional que se precie de tal, se hizo conocida a través de un escándalo.

Fue cuasi secuestrada por un período poco más largo que un suspiro, causando conmoción, pánico y una palidez impactante entre quienes la hospedaban durante su visita a Chile. En un abrir y cerrar de ojos un héroe la encontró sana y salva, y en un extraño giro de la historia, terminó siendo que el hombre era realmente su captor.

Desde las teleseries de Grecia Colmenares que no se veía tanta maraña junta (y de forma tan pública) . El afiebrado, flacuchento y algo cleptómano Batman criollo, tras capturarla (y aparecer la noticia hasta en los diarios de vida) se sintió corroído por la culpa, apresuradamente inventó una excusa inverosímil y dejó en libertad a la sufrida Adele.

Por culpa de esta fémina, Milan Ivelic se auto-mechoneó incontables noches, el gobierno francés acabó con la reserva mundial de Panadol y el Consejo Nacional de la Cultura pidió la construcción de una mesa gigante para meterse debajo y esconder su verguenza para siempre, al tiempo que hasta el barrendero contaba cuando le robaron su monito de plasticina en el kinder…

Asi Adele pasó de ser una figura importante a protagonista de primera línea, llegando a ocupar brevemente esos espacios donde tradicionalmente sólo algunas divas del solarium como Daniella y Carlita pueden reinar.

Las Ultimas, La Cuarta, El Mercurio…Todos se peleaban por una foto de Adele, todos querían saber si gozaba de buena salud, si estaba en estado de shock, sus admiradores eran entrevistados en todas partes y todo el mundo tenía algún comentario que hacer sobre el caso de la señorita A.

Nadie preguntaba por los detalles ardientes de “El beso”, ni por las polémicas dudas de “El pensador”…sólo existía ella, la codiciada mujer por la que un país entero se sentía avergonzado y tercermundista.

El fin de semana del retorno de Adele, cerca de 12 mil vistitantes quisieron estar a su lado en el Museo Nacional de Bellas Artes, pero pese a las buenas intenciones, aparentemente ninguno había leído el diario cuidadosamente: la belleza gala estaba en período de observación para corroborar que no hubiera sufrido ningún daño después de los impactantes incidentes.

Y todo pasó. En algunos días, los medios olvidaron a Adele (tal como pasó antes con Denisse, Karen y hasta el mismísimo Maluenda). Pero, pese a su breve reinado, la francesita hija de Rodin sigue en los corazones de aquellos que, aunque saben que ya no se la puede ver, siguen visitando a sus colegas para vislumbrar algo más sobre esta mujer que sin duda, es más que sólo un cuerpo bonito.

Auguste Rodin, Retrospectiva: 62 esculturas, 30 dibujos y 28 fotografías de la colección del Museo Rodin de París. Hasta el 07 de agosto en el Museo de Bellas Artes.

El lunes 02 de mayo, apareció en Teletrece la historia de una familia de obesos, en la que la madre, con cerca de trescientos kilos a cuestas sufre lo inimaginable para hacer las tareas más cotidianas como vestir a sus hijos o tan sólo levantarse de la cama.

Entre lágrimas, la mujer explicaba todos los males anexos que se han desencadenado a raíz de su voluminoso problema. Según su testimonio, lo peor es ser testigo de cómo su hija de seis años y el resto de la familia van por la misma senda.Conmovidos por el caso, un grupo equipo de sicólogos y nutricionistas se pusieron a disposición de ellos con el fin de poder intervenir y mejorar su calidad de vida.

Esto, porque su ejemplo podría servir para que otras personas en riesgo decidan cuidarse, ya que según un informe dado a conocer recientemente por la OMS, cerca del 60% de los chilenos padece sobrepeso u obesidad y un 25% de los preescolares presentan ya el problema. Todos sanitos y rozagantes como guagüita de campo…¿La recomendación de la nutricionista a los espectadores?. Bueno, la receta mágica, según su experiencia y años de estudio, está en la clásico mantra “comer balanceado y hacer ejercicio”.

¿Ejercicio? Mmmm, da para pensar… sobre todo ahora que uno de los deportistas más destacados del continente izó la bandera blanca y derrotado se entregó al bisturí para eliminar esos kilos que, en combinación con otras cosas, lo estaban llevando a una muerte segura. Diego Armando Maradona, Don Diego, pretende mediante un by pass gástrico, llegar a los sesenta kilos en el lapso de un año. Su doctor dice que después de eso, hasta podría jugar fútbol otra vez… con los amigos solamente, claro está. Y sin asado posterior.

Su caso hace tambalear las declaraciones de la nutricionista de buen corazón, ya que Don Diego es el ejemplo perfecto de que ser deportista no implica tácitamente llevar una buena calidad de vida.

Ahora la comida. Aparentemente, el problema de la inflación (abdominal, eso es) tiene relación con la voracidad, y ésta a su vez, con la rutina actual: poco tiempo, mucho trabajo y la acumulación de problemas en la cabeza como si fuese el sótano de una oficina pública. Esto desemboca en una creciente desesperación, stress, rabia o angustia y, para evitar arrancarle la cabeza al cónyuge o al jefe de un solo mordisco, mejor taponearse la boca con un buen completo. O dos. O tres…

De este modo, el estereotipo del “gordo feliz”, cada vez se queda más en el mito, en la fantasía y las personas de “talla grande” actualmente pasan más tiempo midiendose el colesterol e inyectándose insulina que bailando apretado como en los cuadros de Botero.

A tanto ha llegado la desesperación de estas personas, que han surgido casos como el de Caesar Barbar, un estadounidense que el 2002 demandó a varias cadenas de comida rápida “por servir, con pleno conocimiento, comida que causa obesidad y enfermedades y confundir a los consumidores al ofrecer alimentos ricos en grasas, sal y azúcares”. Consultado por su insólita querella en el New York Post, este conserje de casi 125 kilogramos declaró: “El sector de la comida rápida ha arruinado mi vida. Pensé que esa comida era buena. Nunca me imaginé que había problemas con ella”, agregó. Por supuesto los restaurantes hicieron caso omiso de su reclamo judicial, si tan sólo basta mirar el queso de cualquier hamburguesa para darse cuenta que o fue obtenido de una vaca radioactiva, o los coreanos han logrado desarrollar exitosamente gauda acrílico.

A la luz de los dos ejemplos previos, el problema parece ser la distribución inequitativa de los alimentos en el mundo, más que la comida en si y la falta de ejercicio. Esto, porque mientras en ciertas regiones la obesidad, el “vivir para devorar”y este hambre sicológico se transforman en un problema creciente , según cifras de la Unicef cerca de 200 millones de niños en países subdesarrollados están muriendo, literalmente, por no tener qué comer. Ni siquiera queso radiactivo…

Desde esta óptica, pareciera que en uno u otro sentido, el mundo entero está muriendo de inanición. Es el “Hambre en un mundo de abundancia”, como se titula el documento de las Naciones Unidas sobre la distribución equitativa, y estamos todos sin importar nuestra situación, con las tripas rezongando para llenar el vacío que tenemos, ya sea de justicia, de cariño, de tristeza, de libertad, o simplemente de pan.